viernes, 19 de noviembre de 2010

Que vuelva el largo, que vuelva ya (?)

Dicen que dicen que vuelven los torneos largos. Entrevistas a Grondona dieron a entender que se jugaba otra vez a 38 fechas.

Conviene, a modo de introducción, revisar un poco de historia: cuando empezaron los torneos clausura y apertura yo tenía un año. Fue en la temporada 91/92, siendo el primer torneo Apertura el de el último semestre del '91. River ganó aquel, y Newell's el clausura '92. Seis meses antes, lo que habían ganado el Millo y la Lepra correspondía a la primer y segunda ronda, respectivamente, de torneos anteriores. Para aquellos torneos seguían obteniéndose 2 puntos por victoria, por lo cual River fue campeón, por ejemplo, con 31 puntos. También se empezaba a implementar el sistema de promedios.

Ciertamente, puede alegarse tuvo sus ventajas aumentar la cantidad de torneos disputados en un año (puntualmente, duplicarlos). Por un lado, ya que en aquella época se podía mantener un equipo por cierto tiempo, sumado a la posibilidad económica más que favorable de aquel entonces para traer jugadores (no había euro y estaba el 1 a 1), se podían ver buenos equipos, y aquellos buenos rendimientos eran premiados con más lauros que antes. Ponele (?) que el equipo se caía en las ultimas 8 fechas del torneo largo y se quedaba sin nada. Con este sistema, aquel equipo podía ganar el clausura. Eso pasó con Newell's, de hecho: el Leproso terminó anteúltimo el apertura '91 pero salió campeón en el torneo de cierre de esa temporada. De esa misma manera, aquel conjunto que pegara 15 partidos en buen nivel, o una racha, podía pelear un torneo, aunque en aquella época hubiesen grandes distancias entre los equipos Grandes y los Chicos.

No obstante, las reformas tuvieron sus fallas. El sistema de promedios, concebido como cierto "premio" a los buenos rendimientos, te daba un colchón de puntos en caso de caerte en torneos subsiguientes. De la misma forma, según los detractores, a equipos que llegaban de la B Nacional, encontraban muy complicado permanecer en Primera, ya que pelear contra equipos con promedio alto y que además oscilaba menos (porque dividían por más), era más difícil. Si a eso se suma que salir último en un torneo era anímicamente devastador, a comparación de salir último en la primera ronda de un torneo largo como antes, era pues lógico que descendieran los equipos recién ascendidos.

Al desaguisado de los promedios, le siguió otra iniciativa, que al largo plazo le haría mucho más daño al fútbol vernáculo. Al cambiar los torneos largos por uno corto, se cambiaron también los calendarios. Ahora, la temporada empezaba en un año, y la segunda mitad (Clausura) se dirimía en el siguiente. La razón de este cambio fue adaptar el calendario argentino al fixture de los equipos europeos.
Los primeros perjuicios se vieron al momento de la clasificación a las copas. Habiéndose eliminado la antigua liguilla pre-Libertadores, pasando a clasificar por puntuación (como ahora), el cambio de temporada produjo un "delay" en las clasificaciones. Así, equipos campeones clasificaban directamente... ¡A las Copas del año siguiente! Racing, cuando ganó el Apertura 2001, clasificó a la copa del 2003. Un año y medio después de salir campeón. Y así con todos. Los equipos que afrontaban las copas eran otros, en algunos casos abismalmente distintos, sin sus mejores jugadores y con su buen juego desaparecido.Se tardó más de quince años en corregir.
El otro aspecto nocivo, por decantación, es el vaciamiento. Con esta variación en las temporadas, se le entregó en bandeja a los clubes grandes del Viejo Continente la potestad para contratar jugadores. El mercado largo de ellos es en invierno (ya desde antes jugaban una ronda en un año y la segunda en el otro); el nuestro es en verano, y aún a mano cambiada sigue siéndolo; vasta notar que las pretemporadas se hacen en verano, para afrontar el Clausura. Es inaudito. Pero sí: cambiamos la fecha de finalización de temporada para permitirles comprar.
La jugada de la AFA no tuvo explicación en ese entonces, y hasta hoy no la tiene. Es imposible encontrarle un punto bueno a ese sistema. Claramente fue concebida en un contexto económicamente dichoso para los clubes, pero al primer sacudón financiero del país, los jugadores emigraron en malones y luego de paulatina devaluación hoy, como era de esperarse dado lo cíclico de la economía, que nuestra moneda no vale un mango a comparación de los euros, los dólares, los pibes se van a los 20 años y no es extraño oir que terminan en Ucrania, Grecia, Rumania, Portugal, México, Suiza, entre otros destinos ignotos, que pagan dos monedas a cambio de un jugador. Y eso sin considerar la jodita de la patria potestad. De esa misma forma, los equipos de primera tentaron a jugadores de la B nacional, de Primera pero más carenciados, o a los de equipos recién ascendidos, ampliando aún más la brecha y formando un círculo vicioso, del que se salió achatando el fútbol para todos los equipos.

Pero eso, en esa época, no importó. Estaba el River de Passarella primero y Ramón después, el Velez de Bianchi, el Independiente de Brindisi, el segundo River del Pelado Díaz y el Boca de Bianchi, entre otros equipos de la década fatídica de los '90. Hoy, con todos los clubes con un pasivo gigantesco y en las mismas proporciones de decadencia (emparejados para abajo todos), se pagan esas consecuencias desastrosas. Es posible que en otro giro económico dentro de unos años, el perfil sea más favorable. Mientras, se ve el fútbol que se ve.

Los torneos cortos le infligieron al fobal nacional un daño grave. Pronto después de la reforma, se consideró campeón de un torneo legitimado por la AFA a un equipo que había jugado bien, quizá y como mucho, diez partidos. Hubo, de esa misma manera, campeones inexplicables y jugadores traspasados a Europa con menos de 30 (a veces mucho menos) partidos en primera. Entre tanta mediocridad, era lógico que muchos mediocres (a criterio de quien escribe), valga la redundancia, tomaran exagerada notoriedad y luego detentaran rangos que, en otras circunstancias irrisoriamente cercanas, no hubieran ni podido soñar con ocupar.

Desarmar esta pesadilla de veinte años le daría una nueva vitalidad al fútbol argentino. Acoplando nuevamente el mercado corto europeo (cuando los clubes sólo pueden meter hasta 4 incorporaciones) a nuestro mercado largo (donde caen los matungos (?) de a 20) impediría en gran medida el éxodo. Instaurando un torneo largo dentro de un mismo año y aboliendo los promedios, se daría a todos los equipos una tranquilidad abismalmente mayor para trabajar y una presión menor. Después de eso, el buen fútbol viene solo. Un torneo largo, además, claramente exige una regularidad mayor y cierta jerarquía, a cambio de un prestigio mucho más grande que el de un torneo partido. A eso podría agregarse la disputa de un segundo torneo (al mejor estilo Copa Italia, Copa del Rey o FA Cup), y un desquite entre el ganador de una competencia y otra. Mejorar el balompié (?) desde los escritorios es posible porque desde estos mismos se arruinó todo en primer lugar.

Por eso, un primer paso es necesario. Que vuelva el torneo largo, que vuelva ya.

4 comentarios:

Matias dijo...

Pero por dio´, este posteo e´ para colgarlo en la pared, man. No solamente concuerdo con la implementación de los torneos largos, sino que ME FASCINA la idea de la creación de un torneo tipo la Copa Italia.

Germán dijo...

Algo así como la Néstor Kirchner Cup


Excelente artículo

Gonza Averna dijo...

Ya existían antes dos torneos acá. Estaba el Metropolitano (que era ni más ni menos que la primera División), que se jugaba de Febrero a Agosto, y el Nacional, que se jugaba después del Metro pero dentro de ese mismo año, de Septiembre a Diciembre, y que tenía clasificados de Primera y del viejo Torneo Nacional, que eran todos del Interior del país.

La diferencia cabal posiblemente es que en Europa las competencias se juegan al mismo tiempo. Creo que esa es la mejor opción.

No me extrañaría que, si la armaran ahora, le pusieran Copa Nestor Kirchner. Pensar que antes se llamaba "Torneo General José de San Martín"...

Un abrazo.-

Eddie dijo...

Impecable. No es salamería, muy bien hecha la nota.

Saludos.